"La función del laberinto era defender el centro, entendido éste como espacio sagrado".
Porque el centro de las cosas y de las personas es lo más sagrado de todo. Intocable, puro, donde no me atrevo a entrar y si lo hago, lo hago descalza y cabizbaja, temblorosa y con miedo a contaminar un espacio donde únicamente los/as niños/as son los que pueden entrar sin llamar.
Porque conociendo tu centro, todo se reubica.

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